Esta no es mi guerra

Hay un soldado a miles y miles de kilómetros de su hogar que ha luchado muchísimo por estar donde está. Se ha entrenado día tras día y también ha decepcionado a algunos por seguir haciendo lo que quería hacer: defender a su país; ser un héroe.

Todavía de madrugada despiertan a unos cuantos elegidos y los meten en un vehículo que los llevará a un nuevo destino, una nueva misión que ni se esperaban. Lo primero que hacen es darles los primeros detalles para que se vayan preparando para lo que viene. Pero es todavía de noche, a penas han dormido y lo último que quieren es ponerse a pensar en eso.

El traqueteo del vehículo en una carretera muy deteriorada es el único sonido que oye. Mira por la ventana y lo único que ve a pesar de la oscuridad son ruinas, un lugar tan devastado que hace que sea difícil hasta respirar. Mira a sus compañeros y ven que están todos dormidos unos apoyados en los otros. Pero su mente no para de pensar, no puede dormir. Lleva ya días planteándose cosas que nunca le habían importado, que nunca antes había visto que estaban ahí.

¿Por qué no hizo caso cuando el Señor García le dijo que no todo era lo que parecía? ¿Por qué no le escuchó cuando le hablaba de la gran mentira que era luchar por un país? ¿Por qué se empeñó en ser el héroe que nadie esperaba que fuese?

Lideraba un grupo de soldados a sus 21 años. No muchos habían coseguido tanto en tan poco. Debería sentir orgullo por eso.

Ya no recordaba cuántas veces había llorado y cuántas se había recuperado. No recordaba cuánto había sufrido. Tampoco le llenaba del todo saber que estaba logrando lo que se había propuesto. No esos días. Algo había cambiado cuando en realidad nada lo había hecho. Algo en su mente, como un mecanismo que se activa de pronto y hace que lo veas todo de un color diferente.

Siempre se había sentido distinta. Ella no era como las demás chicas. Era ambiciosa. Mucho. Era una de esas personas que anteponen su carrera profesional a todo lo demás. Tampoco le preocupaba demasiado la moda y odiaba esos momentos en los que las chicas se juntaban y empezaban a hablar de amores tan irreales como guerras pacíficas. Hablaban de príncipes azules y de princesas rosas tontas y débiles que necesitaban ser protegidas en todo momento, que no eran capaces de hacer nada por sí mismas. Necesitaban que les dijesen que eran preciosas y que tirasen de ellas a cada movimiento.

No creía en su concepción del amor. No creía en amores a simple vista que duraban para siempre. Tampoco era capaz de entender por qué ellas no creían en el sexo sin amor y en el amor sin sexo. No le gustaban las tonterías. No tenía paciencia para enfrascarse en vaivenes de “ahora te quiero”, “ahora te odio”, “ahora eres el amor de mi vida y estaremos juntos por siempre”, “ahora te digo que me equivoqué y que nunca te quise”. Le parecía absurdo, una gran pérdida de tiempo. No se andaba por las ramas, cuando alguien llamaba su atención iba a por él y satisfacía sus necesidades más básicas. Después, olvidaba. A veces se le iba de las manos un poco y en vez de olvidarlo automáticamente, necesitaba exactamente 3 días para hacerlo. Pero nunca más de 3 días. No se había enamorado nunca, ni tenía pensado dejar entrar a alguien más allá. Siempre pensó que el amor hace débiles a las personas.

Una de las primeras cosas que recordaba haber aprendido era algo que su abuelo le había dicho y que se grabó a fuego en su interior: si no tienes nada (ni nadie) que te puedan quitar, no pueden hacerte daño ni retenerte de ninguna manera.

Hacía dos días habían recibido cartas de familiares y amigos. El cuartel se había llenado de gritos de alegría, algunas lágrimas y escenas tan pintorescas como soldados de dos metros de alto oliendo y besando una carta proveniente de su amada. Como ya era costumbre, ella no recibió nada. Ni se preocupó por ello.

Siempre había sido tan independiente que había desarrollado una gran habilidad alejando a la gente que quería entrar en su vida. Nunca le había costado decir adiós. Siempre había tenido claro que no se quedaría allí y no quería nada ni nadie que le retuviese, tal y como le enseñó su abuelo. Tenía muy claro que quería ser recordada como una gran mujer en un mundo de hombres. Quería abrir paso a las mujeres en ese campo, demostrar que depende de cada persona y no de si es hombre, mujer, heterosexual, homosexual o hermafrodita. Lo que realmente vale es la individualidad de cada persona, sus ganas de luchar y sus capacidades. Y ella lo iba a demostrar. Iba a ser un héroe.

Y allí estaba. A punto de ser oficial a penas superando la veintena. Se lo había tomado en serio. La verdad es que la mayoría de las veces se sentía orgullosa de sí misma. El resto del tiempo sentía que vivía una mentira. Se sentía totalmente engañada.

A ella le movían causas nobles y quería defender causas nobles. Pero una guerra por puros intereses económicos que hacía daño por placer y egoísmo era algo que realmente no debería defender. ¿Pero qué debía hacer? Ahora ya no sabía hacer otra cosa. No sabía hacer nada que no fuera embarcarse en misiones casi suicidas. Y las de esta guerra le hacían sentir inútil y utilizada. Le hacían odiarse a sí misma también por haber seguido ese camino, por no haber intentado ser sólo una chica que no quería salvar el mundo, sin más preocupaciones que comprarse un vestido bonito y que el chico que le gusta le sonría. Pero no. Esa tampoco hubiese sido la solución.

Allí estaba: en una guerra que no era la suya, luchando por algo en lo que no creía, haciendo como que no le importaba, haciendo como que le gustaba.

Además, para colmo, no podía dejar de acordarse de Luis. Incluso había soñado esa noche con él. En realidad, si echaba la vista atrás objetivamente, Luis era el único que se había mantenido a su lado con el paso del tiempo. No lo veía demasiado, ni siquiera cuando estaba en casa. Cada uno tenía su vida al margen del otro. Pero en cierto modo sabía que él era el único con el que podía seguir contando pasara lo que pasase. Sabía que si ahora volviese a casa y le llamase, él estaría disponible para ella. Sabía que si tenía que desahogarse en cualquier momento, podía hacerlo con él. Hubo un tiempo en el que parecía que eran más que amigos, tiempos en los que todo el mundo había apostado por ellos dos como pareja y no entendía qué les separaba. Pero nunca sucedió nada. No, ella no se enamoraba.

Seguía mirando por la ventana. Empezaba a amanecer. Suspiró atándose una coleta. De pronto vio un gran charco de sangre en la carretera y subió rápidamente la mirada. Todavía no se había acostumbrado a los cadáveres en las calles. Sinceramente, no pensaba que nunca fuera a ser capaz de acostumbrarse a eso. Vio a lo lejos una mujer que recogía agua en la fuente mirándoles pasar de reojo, con una mirada de pánico en su rostro. Centró su mirada más al fondo, en el horizonte, mirando sin mirar, atravesando los edificios derruidos.

- Ya estamos llegando. ¡Id despertando, chicos! – les dijo ella empujando al que tenía más cerca, haciendo que los demás se moviesen como en un efecto dominó.

Se empezaron a quejar y a meterse los unos con los otros. Ella sonrió. Le resultaba agradable la complicidad de su equipo, le gustaba que la consideraran uno más por fin.

Se levantó y se acercó a la parte delantera preguntando al Oficial Urquijo por los objetivos a cumplir en ese día. Tocaba centrarse.

El Oficial le estuvo explicando todos los detalles y le dio un mapa para poder ubicarse, aunque ella ya conocía bien aquella zona.

- Cabo – dijo terminando aquella conversación – que sepa que para mí usted ya es una Oficial. Se le hará la ceremonia reglamentaria a la vuelta de esta misión.
- Gracias, oficial – dijo sin mostrar ninguna emoción y volviendo con sus hombres.
- Por cierto – dijo de nuevo Urquijo reclamando su atención – llegó ayer esto para ti, se me olvidó dártelo antes.

Y extendió hacia ella una carta algo sucia y estropeada.

Destinatario: ella.

Remitente: Luis.

Se sentó tras el Oficial y abrió la carta. Estaba dispuesta a leerla al menos por encima, aún quedaban 10 minutos para llegar. Era una carta corta. Le hablaba de momentos que habían pasado juntos, le proponía algún plan apra cuando volviera, le deseaba suerte y se despedía.

Nada del otro mundo, pero de pronto su corazón dio un vuelco y notó que le faltaba la respiración por un instante. Como si ese mecanismo que llevase días activado de pronto cumpliese la función que se le había encomendado haciéndole ver lo que tenía que ver, lo que se escondía en su subconsciente.

Siempre había estado ahí. Él siempre había estado ahí. Y ella siempre lo había alejado. Se había convencido de que no lo necesitaba, y así era. Nunca lo echaba realmente de menos porque nunca había sido indispensable en su día a día. Pero después de tantos años, seguía siendo él el único que seguía ahí.

Le quería.

Joder, siempre lo había querido. ¿Por qué se daba cuenta ahora?

- ¿Estás bien? – preguntó Urquijo.
- Sí, sí.
- ¿Malas noticias?
- No, todo bien, Oficial.

Pero esta no es mi guerra.

September 11, 2011  Leave a comment

El amor no existe

Eso oigo a menudo. Y parece que más últimamente, pero a lo mejor sólo es porque desde hace ya un tiempo mi cabeza medita sobre esto de una manera diferente.

Día tras día me encuentro con parejas que se deshacen después de un tiempo diciendo que simplemente “se ha acabado el amor”.

Yo no puedo evitar preguntarme: ¿se acaba el amor realmente?

Cuando una madre quiere a su hijo, lo hace para siempre. Haga lo que haga y aunque a veces demuestre lo contrario. Cuando quieres de verdad a un amigo, lo quieres para siempre. Siempre estarás ahí para esa persona cuando te llame a las 4 de la mañana porque ha tenido un problema, para acompañarle a donde haga falta, para escucharle y que te escuche.

Y ahora puede ser que tú estés pensando que no siempre es así. Ya contaba con eso. ¿Cuándo no es así? Cuando no se trabaja. Cuando la dejadez hace que uno de los dos no esté ahí para el otro cuando éste lo necesita. También cuando uno de los dos es un “amigo selectivo”. Es decir, cuando uno de los dos es amigo para ciertas cosas y, para otras, desaparece. ¿Ejemplo? Amigos para ir de fiesta, amigos para cuando estás triste y necesitas alguien con quien llorar, amigos para cuando necesitas pensar, amigos para cuando no hay amigos, amigos para follar, amigos para aprobar… Pero cuando no es una amistad selectiva, si no una amistad real, entonces es para siempre. No importa dónde la otra persona se vaya o qué amigos selectivos tenga, porque tú siempre estás ahí para él o ella y él o ella siempre está ahí para ti. Pueden pasar 3 años y 5.000 km y todavía sabrás que puedes contar con esa persona. No nos engañemos, todos tenemos alguien así aunque a veces puede que no le veamos.

¿Qué es lo que tienen las parejas entonces para que esto no suceda así?

Todo el mundo coincide en que una pareja debe de ser, ante todo, un amigo. Pero muy poca gente lo cumple de verdad. Normalmente nos dejamos llevar y nos embarcamos en algo que no es real. Es amor selectivo o quizás sería más adecuado decir amor nublado u obnubilado, que suena mejor. Seguro que tú, como yo, has oído un millón de veces eso de “a ver, soy joven, no es el definitivo, ya lo sé, pero voy a intentarlo” seguido también de un “claro que no estoy enamorada ahora, pero es que llevamos sólo una semana y eso lleva tiempo”. Es como un cielo nublado: a lo mejor despeja, a lo mejor llueve. Pero en todos los sitios las nubes indican que hay agua en la atmósfera, que es más probable que llueva, aunque sea un poco, que que el cielo se despeje y haga un buen día para salir a pasear, a navegar o a tomar algo en alguna terraza con unas bonitas vistas.

Lo que quiero decir con esto, es que no se puede pretender empezar una relación “a ver qué pasa” y luego sorprenderse o, peor aún, enfadarse, cuando sale mal.

Ahora mismo alguno puede estar pensando que yo no debería de decir esto cuando ya hace mucho que no se me conoce una relación seria. Quizás tienes razón. Pero resulta que sí me he embarcado ilusionada en algo que, por suerte, me he dado cuenta de que no era real y he podido echarle el freno antes de empezar. No sólo eso, si no que además he sido víctima colateral de esos amores nublados.

En serio, ¿qué demonios pasa por la cabeza de un hombre (y cuando digo hombre me refiero a proyecto de hombre) cuando trata de seducir a una chica teniendo él novia?

Esto es algo que, pensándolo un poco, me aterra. Me aterra pensar en la sangre fría de algunos a la hora de hacer este tipo de cosas. Como si no hubiese consecuencias, como si no hubiese un mañana ni nadie a quien dar explicaciones. También me aterra cuando caigo en la red ilusionada, pensando que “esta vez sí que sí” y luego resulta que sólo es uno más.

Y es que no consigo entenderlo. ¿Qué ganan? ¿Sexo? Eso, en teoría, lo pueden tener con su pareja mucho más a menudo que con una chica que conoces para sólo una noche. ¿Cambiar de pareja sexual sin perder el cariño? Quizás deberían plantearse si su pareja le satisface realmente. Y quizás, después de eso, quiera plantearte si el cariño de pareja está sobrevalorado. Los amigos de verdad toman papel aquí, los padres, la familia. Si lo que buscas es cariño, lo hay. Pero, ¿qué pueden perder? La chica de una noche, la chica de muchas noches y el honor. Como mínimo. No, queridos, ni a las suplentes nos gusta ser segundo plato, ni a las estables les gusta que las engañen. Pero a ambas nos gusta cotillear y hablar de lo cabrones que sois.

Aunque, realmente, si lo pienso un poco más, sólo veo una razón posible a todo esto: el amor nublado. El hombre que hace eso, es porque no está al 100% en su relación. Todos sabemos que 50 + 50 = 100, pero a un 100% no se le puede sumar nada más porque no hay nada más allá. Con esto me refiero a que cuando una persona se enamora y está de verdad involucrada en una relación, no ve a otras personas como objetivos, quizás ve cuerpos bonitos o caras bonitas, pero no se plantea nada con esas personas. En el momento que alguien se plantea eso, es, sin duda, alguien que está sumergido en un amor nublado.

Se empieza por empezar. Muchas veces con ilusión, eso es cierto. Pero ni son amigos de los de verdad, ni están en situación de confiar del todo en la otra persona, ni es amor de verdad lo que sienten. ¿Puede ser que lleguen a confiar y lleguen a amar? Claro que puede ser. Igual que puede ser que salgas a pasear y el cielo nublado se despeje dejando a su paso un claro y bonito día. Pero en la mayoría de los casos, o sólo uno de los dos ve el sol, o no lo hace ninguno de los dos.

Sumamos a esto el hecho de que cuando realmente conoces a una persona resulta ser diferente a lo que pensabas. Y sumamos también que hay momentos en la vida en la que por ciertas circunstancias cambiamos (pongamos adolescencia o momentos realmente duros). Antes dudabas ante todo, ahora eres decidida. Antes te gustaba la música electrónica, ahora eres más de hip hop. Antes vestías de negro y ahora quizás lo haces de rojo. No eres la misma persona, no te sientes igual, no buscas lo mismo. Y de pronto, la otra persona, puede ser que deje de encajar contigo. O puede ser que consigáis adaptaros a lo nuevo porque sois una pareja de verdad y no una de esas de amor nublado.

Con todo esto, quiero decir que estoy harta de ver parejas que siguen con su amor nublado sólo por no tener que enfrentarse al hecho de tener que volver solos a casa y empezar de nuevo, porque, oye, estar solo no tiene nada de malo. De hecho, tiene muchas cosas buenas: libertad para salir a donde quieras, gastar en ti el dinero que te gastarías en regalos para él o ella, irte de viaje con los amigos en vez de irte con esa persona solamente, ver más mundo, conocer más cosas. Pero entiendo que dejarse llevar por la corriente es mucho más fácil que remar.

¡Abran los ojos! Tener sexo no es tan difícil. Incluso puedes hacerte con uno de esos amigos selectivos para follar que junto con un amigo de los de verdad hacen que no haga falta ninguna pareja de plástico para cubrir las necesidades primarias de una persona.

También es verdad que estoy harta de hacerlo mal. De ilusionarme y que tengan novia, o de ilusionarme y que tengan algún otro tipo de vete-tú-a-saber-qué que les hace tremendamente no convenientes. O de ilusionarme y no ser capaz de ver la señal que dice “¡ahora!”. También estoy harta de la prisa de la gente, de querer estar YA con alguien, sea quien sea, de tener que enganchar a uno para dejar al otro, de no querer esperar a sentir algo de verdad.

Quiero decir que estoy harta de que me digan que el amor no existe. Porque sí existe. Yo lo he visto. Lo que falta es gente con ganas de trabajar y luchar por tener algo real y no un simple amor nublado de esos que cualquiera puede tener.

 

 

 

Sara.

August 31, 2011  Leave a comment

En construcción

Poco a poco, al final daré con un diseño que me guste de verdad!

July 9, 2011  1 Comment